30 de septiembre de 2013

Triclinium: La corrupción como el amor (27/09/2013)


No sé si cada vez que la presidenta Díaz comparezca en el Parlamento vendrá de una sacristía. Primero, se casa con ella misma en su toma de posesión, y luego, se casa con la declaración de la renta de su marido. Pero con esas aureolas de santidad de corcho puede hacer del hisopazo de Griñán un triunfo de la Democracia, y de enseñar un prospecto la prueba de su furia contra la corrupción. Como se sabe, la declaración de la renta es demostración incontestable de limpieza y honradez. El PSOE podría pedírsela a Bárcenas, y ya se quedarían tranquilos. Es más: presentando la declaración no sólo se vuelven imposibles tus chanchullos o negruras particulares, sino los de tu gobierno y tu partido. Cómo va a estar imputado todo el consejo de Invercaria, si los diputados socialistas presentan su declaración de Hacienda… Sí, de este nivel es la tontería.

Con semejantes armas venía Susana Díaz para estrenarse en una sesión de control. Y con su discurso de investidura. No se va ni a molestar en repetir promesas: le bastará con la referencia a sus promesas ya encuadernadas. Así lo hizo cuando Zoido le preguntó por los mecanismos para evitar nuevos casos de corrupción. Como si ella no se hubiera expiado y expurgado suficientemente en aquel discurso de pureza y transmutación. Y encima, desnuda matrimonialmente su IRPF y a Zoido le parece “teatro”. “No me van a superar en la lucha contra la corrupción”, insistió la presidenta, pero Zoido le reprochó no haber tomado aún medidas concretas en el último consejo de Gobierno y quiso saber si mantenía las conclusiones de su grupo en la Comisión ERE. Díaz no le salió por peteneras, sino por rumbas. Dijo que llevaba de presidenta “19 días pero no 500 noches”, como la canción de Sabina. Ah, la corrupción tarda más en curarse que el amor. Y con menos ganas. “Su grupo está obsesionado con los ERE”, volvió a decir con voz de Griñán, e invitó a Zoido a preocuparse por los pensionistas o los enfermos de cáncer. Derechona, pobrecitos, obsesiones, la paja y la viga… Estos nuevos tiempos se parecen demasiado a los pasados.

No necesitó Díaz más munición ante Zoido, porque, frente a viejas argucias y nuevos retruécanos, el líder del PP estuvo torpe, balbuceante, como sin las gafas. Pero la imagen de gran estadista de Díaz ya había quedado clara antes, con autopreguntas de IU y el PSOE sobre financiación autonómica y modelo territorial (parecía Carme Chacón arreglando España). O con su grandioso estreno, al contestar a Castro Román así: “Comparto con usted de que...”. Olé. Como el que se merece De Llera, que llegó a afirmar que “respeta las decisiones de la justicia”, sin que tuviéramos noticia de ninguna emergencia urinaria tras esas palabras. Y otro olé del Nuevo Tiempo para Manuel Jiménez, consejero de Presidencia: le recordaron que el fondo de reptiles le tocaba a través de una subvención pósit para una feria en Chiclana, y contestó que él “hizo una petición, recibió los fondos y los ejecutó”. Pedid y se os concederá. Si sois del PSOE, claro. Y en cuanto a Sánchez Maldonado, consejero de Economía, va como de abuelete tierno, no sé si para que dé reparo atizarle con sus enclenques números o justificaciones. Al ritmo de su andador parece que van las ganas por investigar las facturas de UGT. El asunto ya está en los juzgados, pero él explicaba que aún andan mirando si hay algo que mirar…

Era el día del combate entre transparencias de unos y otros, como un concurso de camisetas mojadas, por eso, la proposición no de ley del PP al respecto fue rechazada. El PSOE es “más ambicioso” y prepara su propia y definitiva ley. Para Ignacio García, de IU, el PP “llega tarde” y “no entra en el fondo, que es la financiación de los partidos”. Yo diría que el fondo es la fiesta a costa del dinero público, pero eso no se ve igual cuando uno está invitado. “Busquen el dinero para asar una vaca” y “dejen el teatro de las declaraciones [de la renta]”, terminó diciendo Carlos Rojas, del PP. Difícil encontrar ahora esas cosas. Con tanta transparencia no se ve nada.

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