11 de enero de 2010

Somos Zapping: La felicidad y la Revolución Francesa (3/01/2010)

Teletienda presidencial. Le quitaron ese sillón como de coronel, lo sacaron de ese salón de fumar de los presidentes con caobas, lozas y retratos borbónicos, y lo dejaron de pie en su primer mensaje de Fin de Año, caminando entre travelings y dioramas del logotipo de la Junta. Griñán parecía que iba a presentar el tiempo, que se había convertido en telepredicador o que nos iba a vender máquinas de abdominales. ¿Quién dice que Griñán no representa un cambio respecto a Chaves? Chaves tenía estética de padrecito y Griñán (eso debe de ser la modernidad) ha optado por una estética de teletienda. El discurso, eso sí, era el de siempre. Recuerdos como de enfermera para los menesterosos y sufrientes, esperanza y suspiros contra la crisis que, eso sí, nos invadió desde fuera, y catálogo de esfuerzos de su Gobierno que, como cada año, nos dejan donde estábamos, esperando la salvación que nunca traen. Concertación social, educación, economía sostenible; sueños de chimenea, horizontes con violines, hojaldres navideños. Yo me quedé esperando que Griñán sacara por fin el robot de cocina o el alargador de pene.


Filosofía de las campanadas. Campanadas en Canal Sur, San Fernando atacado por matasuegras. ¿Sonarían de nuevo rasgueos de guitarra, o nos traerían esta vez olés o arsas? Ésta era la sorpresa que yo esperaba, pero no lecciones magistrales de historia o de claqué. Claqué era lo que bailaba Enrique Romero durante toda la retransmisión del evento, algo normal pues este hombre que se diría que convierte en orujo el ser andaluz tenía que moverse al ritmo de la borrachera del cielo que trae esa noche, entre la conga y el resbalón. Creo que las campanadas sonaron más rápidas no por el mecanismo del reloj, sino por la aceleración del presentador: se contagiaron de sus espasmos. Pero lo que desde luego mereció todos los fuegos artificiales del momento fue el tino de los comentarios de Ana Cristina Ramírez, que pasaba de presentar el tiempo a enguantarse el nuevo año. “Ya me voy a poner un poco filósofa”, dijo al dar paso a Enrique Romero para que, épico y doceañista, recordara las Cortes de Cádiz. ¿Qué entenderá ella por filosofía? Pues más o menos lo mismo que por historia, porque aseguró que “aquí, España consiguió la independencia de la Revolución Francesa” (!?). Aquello parecía una entrevista a una miss, más cuando Enrique Romero declaró que “es muy importante la ilusión, la solidaridad, ayudar al más necesitado pero siempre con ilusión”. Era tanta la ilusión de los presentadores que cualquiera la hubiera confundido con opiáceos: “¡Ay, Dios mío, qué felicidad!”, exclamaba Ana Cristina Ramírez. Cómo no ser felices cuando el 2010 va a ser un año “en que la crisis la vamos a olvidar seguro”, afirmaba ella, y además “somos también los que vamos a llevar el timón de Europa”, decía él taconeando por la presidencia española de la UE. También la presentadora le dedicó un comentario a este asunto, maravillosamente acompañado por los cohetes: “Es algo muy importante porque en estos seis meses el Gobierno español va a tener que organizar todo lo... ¡madre mía, qué traca!”. Sí, menuda traca la del Gobierno y la suya. Que alguien me diga la marca del champán que bebieron. ¿O será Canal Sur el que produce por sí mismo estos ridículos colocones?


Análisis. También el PSOE andaluz se despidió del año en las noticias de Canal Sur entre flipes y zambombas. La mezcla de licor, escarcha y burbujas que dejó Chaves en su análisis de este aciago año, tras la reunión de la Ejecutiva regional, lo hacen candidato a dar las próximas campanadas: “Andalucía ha sabido mantener la cohesión social, ha sabido mantener la protección social, y lógicamente ha mantenido las políticas sociales”. Como para no acompañarlo de cohetes. A Chaves se le olvidó mencionar el logro de seguir independientes de la Revolución Francesa y terminar con lo de “¡ay, Dios mío, qué felicidad!”.


Sensaciones andaluzas. Y otra vez, la copla. Esas fieras raciales agarradas a los colgajos de la noche más hortera del calendario, saludando al año reventonamente, regurgitando las sobras de la Andalucía de patio. Enrique Romero había descrito la cosa como “nuestro sentimiento y nuestra expresión (...) para recibir un 2010 cargado de sensaciones andaluzas”. A mí, esas “sensaciones andaluzas” me parecían un pisoteo de jacas sobre los restos de dignidad y esperanza de nuestra tierra.

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