14 de octubre de 2017

Somos Zapping: La decisión de un tribuno

Aún sacan a Franco como un sello de viejo o una peseta de niño. Pero son los independentistas los que tienen patria joseantoniana y gustan de caudillos de estufita. En el programa vigilia de Ferreras, le preguntaron a Borrell si creía que Puigdemont declararía la independencia. Él acentuó su sorpresa, muy pedagógica: en todo caso, sería el Parlament, ¿cómo iba a depender eso de Puigdemont? ¿Cómo iba a ser "la decisión de un tribuno"? Pues el tribuno decidirá otra vez.

http://www.elmundo.es/opinion/2017/10/14/59e0e81c268e3ec3758b462d.html


30 de septiembre de 2017

'Somos Zapping', en la edición nacional de EL MUNDO

Regreso a la edición nacional de EL MUNDO retomando mi #SomosZapping. Desde el próximo día 7, cada sábado, la actualidad política y social a través del tratamiento que se le da en televisión. Y menuda semanita me espera...




10 de septiembre de 2017

Umbral y la profilaxis

Hoy me ha dado por contestar con esta parrafada (pastiche en realidad de otros escritos o apuntes míos) a uno de esos artículos profilácticos sobre Umbral cuyo enlace dejo aquí: http://drugstoremag.es/2017/09/cuidado-con-umbral/

Aquí, mi umbraliana respuesta:

Fui yo el que dijo lo del opositor y el capitán de corbeta. Exactamente: "Qué manía con que hay que alejarse de #Umbral. Hay que acercarse, para no escribir como un farmacéutico, un opositor o un capitán de corbeta" (tuit del 28 de agosto). Y muy certero decir que una frase es una frase, ilustra el antiumbralismo casi mejor que escribir "grandes aspavientos".

¿Hay que tener cuidado con Umbral? Hay que tener cuidado con los impotentes con el idioma, como dijo De Prada. Los que siempre tendrán celos por no ligar con las palabras. Acercarse a Umbral ha llegado a ser necesario, imperativo, cuando el libro no es que sea ya un pasatiempo burgués o un objeto mercantil, es que lo han convertido en algo hortera. Es un chicle que se masca, es música de ascensor en tu casa, es un consolador de bolsillo, es un laxante. El libro para evadirse, para distraerse, para olvidarse… Para “relajarse”, he llegado a leer en un anuncio de una conocida cadena de librerías, como un jardincito zen. Igual que cuando te quieren vender la música clásica no como arte, sino como si fuera un colchón de agua. Libros, en fin, para los que no han leído nunca literatura, libros para que la gente no lea nunca gran literatura, sino otra telenovela u otro misterio u otro vikingo u otra princesa mora.

Lo de Umbral (empaquetado como novela, artículo, ensayo), es "sensacionsimo", es impresionismo, es poesía metida en una caja de música o de galletas, pero poesía. Es literatura pura, cuando la gente todavía hace novela con sus gónadas o con su tebeo de El guerrero del antifaz, cuando todo está lleno de galdosillos y sillones de Emmanuelle.Y es un gran error hablar del predominio de la forma sobre el fondo. Eso es falso en Umbral. Lo que deslumbra en Umbral es que la forma también es fondo, y a veces, más fondo que ese resto deshuesado, eso que queda al quitarle a la lengua su fuerza y dejarla en cosas que pasan o se piensan, como si vinieran en un teletipo o un prospecto. Que la forma sea fondo, que la idea o el suceso o la emoción no puedan separarse de la sensación, de la metáfora, del estallido con que se presentan, eso es lo que intentamos los que nos consideramos umbralianos, no poner "o sea", caballerete.

Hay quien cree que Umbral era grande porque era como un retratista de playa de su época, de su barrio, de sus cafés con exvotos de escritores como bragueros de vieja; porque contaba cosas de las marquesas y los políticos y la movida, como si fuera Ramoncín vestido de nardo y no de arlequín pasota. Pero Umbral era grande no por contar el mundo, sino por hacerlo sentir. Umbral, insisto, es “sensacionismo”, esa literatura de la sensación que está diseminada en Proust o en Pessoa o en Baudelaire, enterrada en la prosa y en la poesía, y que Umbral universaliza o libera sacándola de los géneros, esa cosa de mayoristas. No se trata de la exactitud matemática de la metáfora, sino de la superioridad de la metáfora. El formalismo como fondo, eso es el umbralismo. Y la poesía sacada de sus violines para estar en cualquier parte, llenándolo todo como en un museo de relojes. Además, tenía el Siglo de Oro siempre encima, como un espadín de sota. El filo y la sangre de una sola palabra, mientras otros se tienen que inventar tres generaciones de vinateros o sastres o barqueros para hacer novela.

La crítica y los filólogos no veían a Umbral (siguen sin verlo) como buen novelista. Pero los críticos son como hortelanos mirones, que nunca darán esa manzana que da el manzano sin saber botánica, que decía Ortega. Y los filólogos creen que escribir es aprender química, o la mecanografía que les enseñaron a ellos a pasar a limpio. Entre críticos, editores, escritores de manga pastelera y lectores de etiquetas de champú, estamos todavía en la novela galdosiana o en el folletín ruso, en la literatura básicamente decimonónica a la que le han añadido brillos posmodernos o marcianos. Yo he visto a un escritor enseñar a hacer novelas tirando dados y haciendo diagramas de Venn con personajes y conflictos, entre el juego de rol, el Exin Castillos, la autoescuela y la sopa de sobre. Umbral es una literatura tan pura que los academicistas se queman, como si no tuvieran cuchara para ella. Prefieren la novela de braga o de botellón o de almanaque, de azotea social o de misterio de monja o de templario enterrado. Y la poesía en su cajita de hojaldre, con su domingo de toda la vida, separando lo dulce de lo salado y la merienda de la cena. Son ellos los que ven en Umbral sólo el articulista anecdótico, el fotógrafo de fiestas, sin percatarse del tamaño inabarcable de su literatura, que podía rodear el mundo con una cenefa, que te podía aplastar con un solo adjetivo como con una piedra de pirámide o una pluma de almohadón. Pero no, mejor alejémonos de eso, a ver si nos mareamos, o resultamos cursis para los ateneístas y las señoras de orfeón y club de lectura. Escribamos como el boticario, el opositor, el capitán de corbeta. O el crítico capado por el idioma bella e irónicamente, pero que sigue mirando, rijosillo y goloso, los culos como tartas con forma de corazón que nunca podrá catar.

5 de septiembre de 2017

Bueno, pues terminaron mis sustituciones veraniegas en El Mundo. Muchas gracias y hasta la próxima, que espero que sea pronto.



1 de septiembre de 2017

Ouroboros: ¿Quién manda?

Los separatistas podrían decretar las leyes del Monopoly, y hasta su dinero con tacto y despintado de ganchitos. Es inútil analizar el alcance o fundamento jurídico de algo que es, sin más, un acto de ruptura revolucionaria. La ley de desconexión sólo es el prospecto de un corte de manga. No necesitan legalidad ni razón. Sólo ceremonia.
Humpty Dumpty zanja así su discusión con Alicia: "La cuestión es saber quién es el que manda... eso es todo". El que tiene el poder impone la norma. Mientras Rajoy sigue con su misma cara de señor de El Greco ante 'Gürtel' o Cataluña, es el separatismo el que tiene el poder y juega con reglas inventadas. Podrían declarar la independencia sin referéndum. ¿Estamos preparados para eso? ¿Qué haríamos entonces?

http://www.elmundo.es/opinion/2017/09/01/59a84cb5e2704e0a298b4587.html


28 de agosto de 2017

Ouroboros: Coreografía del aplastamiento

El independentismo lo ha ocupado todo, lo ha sometido todo, ha expulsado hasta a los muertos del cielo para poner ellos sus calcetines a secar, que es lo que parecía que hacían el sábado.En Cataluña ya no hay gobernanza sino propaganda, y ya no hay norte sino enemigo. Sólo existe una guerra, todo el tiempo y con toda la fuerza, y todo sirve a esa guerra, siquiera icónicamente.

http://www.elmundo.es/opinion/2017/08/28/59a2ff1fe5fdeacf7a8b45a5.html